Fue negociador. Una profesión bien reconocida en la nación norteña. “Los sindicatos en mi país son muy fuertes. Negociaba las condiciones de trabajo con los trabajadores.”, afirma. Antes de llegar a Panamá vivió 12 años en República Dominicana. Oriundo de Gatineau, en Quebec, se siente muy cómodo en nuestro país. Lo que más le gusta es “que no hay frío como en mi país”.
Aunque tiene un hijo (David) y dos hijas (Myriam y Julie) en Montreal, adultos ya y tres nietos, decidió que vivir en Panamá es lo que quiere. Junto a su esposa Darline, de Haití. Ella nos informó que llevan 10 años como pareja. Ni la diferencia de edad (68 él y 36 ella) de cultura ni de etnia ha sido impedimento para que sean felices.
La pintura ha sido una experiencia deliciosa para él. La disfruta a plenitud. Es el cuarto de la familia que eligió escudriñar su mundo interior y el exterior valiéndose de este hermoso arte. Como sus hermanos Serge, Denis y Pierre en Montreal.
Suele alternar los ratos que dedica a la pintura, preferiblemente dos o tres horas en las tardes, con otra pasión, jugar ajedrez. Aunque, también disfruta la música mexicana y el country. Ah, y comer.
Dice su esposa que él es una buena persona y es sencillo en los gustos.
Cuando él vuelve de un viaje ella le prepara un plato que le encanta: carne molida que pasa por mantequilla con salsa blanca y papas fritas. Pueden apreciar su arte en el Hotel Crowne Plaza Panamá en Vía España. La técnica que usa en esta propuestas es acrílico. Verán una mezcla de abstracto-realismo, donde prevalecen sus colores favoritos: verde, rojo y negro. “Eye of the hurracane”, “Drácula village”, “ Moon over Pacific”, “Wolf man, Neptune dance” and “Stormy union” son algunos de los nombres de sus cuadros.




