La urdimbre cultural de Panamá, producto de su condición de país de paso, es excepcional. Indígenas, negros, criollos, europeos, judíos, indostanes, árabes y chinos conviven en armonía y paz, en esta tierra que abrió sus puertas a los que llegaron y ofreció su corazón a los que se quedaron. Todas estas razas, con sus tradiciones y creencias, forman también parte del patrimonio cultural de esta pequeña franja de tierra en la que encontraron un nuevo hogar, y todas ellas han contribuido a formar la particular manera de ser de los panameños, abierta y desenfadada.







