La moderna ciudad de Panamá late al ritmo de su música y de su intensa actividad. Durante el día, en las calles, avenidas y viaductos hormiguean miles de personas entregadas al habitual frenesí que caracteriza a las grandes urbes. Durante la noche el ritmo es otro, más cadencioso, más relajado, más a tono con el ocio, la diversión y el escape. La encrucijada de dos continentes y dos océanos es también punto de encuentro de gente de todo el mundo, que visita el país en viajes de negocio o de placer. Grandes eventos artísticos, ferias comerciales y encuentros de todo tipo saturan los centros de convenciones, salas de reuniones y escenarios de la ciudad, mientras los restaurantes, clubes, bares y casinos se avivan en jornadas de excitante diversión.
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