Durante la colonia, los esclavos africanos huían de sus captores y se internaban en la jungla tropical panameña, en la que encontraban refugio y abundante comida. Muchos de ellos recorrieron grandes distancias hasta llegar a las selvas del Darién, en donde establecieron asentamientos llamados palenques, en los que construyeron una nueva vida. El aire de las noches del palenque se llenaba con trepidantes ritmos, seductoras cadencias y versos insinuantes que con el tiempo se convirtieron en el bunde y el bullarengue, la música que aún alegra las fiestas de los pueblos darienitas y que en las noches llega hasta lo profundo de la jungla misteriosa.









