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En el extremo noreste del istmo de Panamá existe un territorio comarcal al frente de cuyas costas hay 365 paradisíacas islas de extraordinaria belleza, bañadas por las cristalinas aguas del Mar Caribe. Esta es Guna Yala, la tierra del pueblo Dule o Guna, el grupo originario mejor organizado políticamente y el más conocido fuera de Panamá por sus famosas molas, piezas de artesanía textil de gran colorido y hermosos diseños. El pueblo Guna también es conocido por los “hijos de la luna”, individuos albinos que son considerados por su pueblo como una raza especial, nacida para defender a la luna. La organización política de los Guna está presidida por el Consejo de los Sáhilas, ancianos sabios y venerados que conocen la historia de su pueblo y los secretos de la naturaleza.
La provincia más grande del país está cubierta por una espesa selva tropical que forma la zona de amortiguamiento ecológico conocida como “el tapón del Darién”. En medio de la tupida y enigmática jungla habita la etnia Emberá, esparcida en grupos semi-nómadas que levantan chozas elevadas en las riberas de ríos caudalosos como el Chucunaque, el Sambú o el Tuira. Agricultores, cazadores, pescadores y algunas veces recolectores, la cultura Emberá se destaca por la belleza y delicadeza de sus artesanías. Tallan hermosas esculturas en la madera dura del árbol cocobolo, esculpen primorosas miniaturas en semillas de tagua y tejen exquisitas cestas de diseños excepcionales con la fibra de la palma “chunga”. 
Cerca de 7,000 indígenas del pueblo Wounaan comparten el territorio selvático del Darién con sus hermanos Emberá. Las dos culturas son muy similares en sus formas de vida, pero hablan dos lenguas diferentes. Los Wounaan trabajan las mismas piezas de artesanía que los Emberá, con la misma extraordinaria calidad. Las mujeres visten sólo una falda de vistoso colores llamada paruma y usualmente llevan el torso desnudo, pintado con intrincados diseños en tonos rojizos y negros que obtienen del achiote y del tinte que extraen de la planta llamada jagua. Sus aldeas se localizan generalmente cerca de los manglares, en donde pescan y recogen camarones y almejas. Para ello utilizan trampas, arco y flecha, lanzas y cerbatanas cargadas con dardos venenosos.

País tropical pequeño en territorio, pero gigante en su biodiversidad, esta tierra ofrece al visitante la exhuberancia de su naturaleza generosa, abundante en vegetación y en coloridas especies animales, como una oportunidad para sentir la vitalidad agreste y rebosante del trópico panameño.

La riqueza ecológica es parte intrínseca de la vida de este puente biológico de innumerables especies vegetales y animales que se intercambiaron entre América del Norte y del Sur, desde hace tres millones de años.

La gran biodiversidad que ostenta Panamá hizo que el Instituto Smithsonian estableciera en el país el Smithsonian Tropical Research Institute, que funciona desde 1923.

El contacto con la naturaleza en este paraíso tropical es una experiencia gratificante para quien visita el país, que ha destinado más del 30% del territorio nacional a reservas naturales.

Casi mil especies de estas hermosas criaturas -incluyendo aves exóticas como el quetzal, la guacamaya y el tucán- habitan en todos los rincones de este país, convirtiéndolo en el lugar ideal para disfrutar de ellas.

En la misma ciudad capital se pueden ver muchas especies, y en sus alrededores hay sitios apropiados para el avistamiento, como el Parque Natural Metropolitano, el Sendero del Oleoducto y el Jardín Botánico Summit.

En este último existe un centro especializado en donde se puede conocer la majestuosa águila harpía, una de las más grandes y poderosas del mundo, cuya imagen adorna el escudo nacional de Panamá. Estos sitios son de fácil acceso, con comodidades y servicio de giras guiadas, que incluyen caminatas por senderos delimitados dentro de espesa vegetación tropical, aún cuando están localizados dentro del perímetro de la ciudad capital.

Las cálidas y ricas aguas que bañan las costas panameñas, en la vertiente del Océano Pacífico, ofrecen a las ballenas el ambiente perfecto para el nacimiento y desarrollo de sus crías.

Estos grandes cetáceos y otras especies como delfines y marsopas frecuentan las aguas alrededor de sitios como la gran isla de Coiba, Isla Iguana, el Archipiélago de las Perlas o el Golfo de Chiriquí.

Estos santuarios de vida son ideales para el avistamiento de los grandes mamíferos acuáticos, a los que puede verse desde embarcaciones o desde las islas.

Cada dos o tres años, entre los meses de agosto y noviembre, miles de tortugas marinas arriban masivamente a las costas de Panamá, para desovar en las mismas playas en las que nacieron.

Estos grandes quelonios -de las especies carey, baula, verde, caguama, prieta y loro- recorren enormes distancias de mar para llegar hasta las grandes extensiones de playas en islas y costas del país, para poner sus huevos en la arena durante las horas de la noche.

Para los amantes de los misterios de la naturaleza, resulta un espectáculo maravilloso y fascinante. 

El visitante encuentra en Panamá la oportunidad de adentrarse en entornos silvestres, haciendo senderismo dentro de áreas naturales protegidas, en las que se tiene la oportunidad de apreciar de cerca la rica biodiversidad del país.

Muy cerca de la ciudad capital existen varios parques naturales, y en todo el país se encuentran múltiples refugios de vida con senderos delimitados y miradores para el disfrute del senderismo de naturaleza. 

El Parque Soberanía, el Parque Metropolitano, el Chagres, Sarigua, el Parque Internacional de la Amistad -en las faldas del Volcán Barú- el Sendero del Charco, el Camino de Cruces, El Valle, Boquete, Gamboa, Campana, el Cerro Ancón, son algunos de los espléndidos sitios que ofrece el país para caminar senderos de vida silvestre.

Este pequeño territorio, un paraíso tropical de bosques lluviosos, es el hogar de una abundante y diversa vegetación compuesta por  de más de 10,000 especies de plantas esparcidas por ciudades, campos, selvas y montañas.

Esta exuberante vida vegetal resplandece con un sinfín de tonalidades de verde y una multicolor variedad de flores. En los parajes montañosos crecen musgos, líquenes y orquídeas de una singular belleza, entre ellas la del Espíritu Santo, flor nacional de Panamá.

La impenetrable jungla tropical se extiende desde las montañas hasta la costa, en donde los manglares crean espacios privilegiados para la vida marina. Estos manglares, exquisitos viveros marinos, están protegidos por las normas internacionales para los Sitios Ramsar.

En Panamá, el esplendor de la flora y fauna tropicales también se vive bajo las claras aguas del Pacífico y del Caribe.

Grandes áreas de arrecifes coralinos, ricos en nutrientes, atraen y albergan a miles de especies marinas de colorido y belleza incomparables, que crean un espectáculo único de color en movimiento.

Las aguas que albergan este paraíso submarino son cristalinas y tranquilas, muy apropiadas para actividades de esnórquel y buceo.

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