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A través del Darién los conquistadores españoles descubrieron el Mar del Sur. Lugar remoto y desconocido, durante muchas décadas el acceso a sus poblados sólo era posible por mar. La costa darienita, cubierta de selváticos manglares ricos en biodiversidad, es la antesala de la inmensa y exuberante flora y fauna de la jungla del Darién. El paisaje en estas costas es verdaderamente asombroso y representa un disfrute inimaginable para quienes navegan en los pequeños cruceros -algunos de gran lujo- que surcan las aguas marinas y los grandes ríos navegables de esta tierra indómita. Los mares del Darién son frecuentados por los amantes de la pesca, que buscan en sus aguas el desafío del marlín y el pez vela. 
En los muros de las magníficas fortalezas del poblado de Portobelo, en la costa arriba de Colón, los cañones todavía miran hacia el Mar Caribe en espera de los ataques de piratas y corsarios que llegaban en busca de los grandes tesoros de la conquista española. Hoy, la espléndida costa de Colón ofrece sus playas bañadas por las cristalinas aguas del Caribe y sus arrecifes coralinos colmados de peces multicolores. La gente de esos lugares bebe la deliciosa agua del coco y disfruta de exquisitas comidas, como el suculento pulpo preparado con recetas ancestrales y el sabroso arroz con coco. 
 
La joya del Caribe panameño es Guna Yala, una delgada porción de tierra cuyo principal atractivo son las 365 islas que componen el archipiélago en el que habita la etnia originaria Guna. La belleza de los parajes de esta comarca indígena impresiona y cautiva a los visitantes, que se entregan al disfrute de sus playas idílicas de aguas cálidas y transparentes, en las que abundan las estrellas marinas y los peces multicolores que caracterizan la fauna del arrecife coralino del Caribe. El mar de zafiro de la comarca y el colorido de su entorno inspiró a las mujeres Kuna a crear la maravillosa mola, singular obra de artesanía de hermosos diseños que ha recorrido el mundo y se ha convertido en pieza emblemática del país.
En Panamá la noche respira acción y entusiasmo. Con la llegada del crepúsculo, la natural alegría de los panameños se desborda dando paso a una intensa vida nocturna. Restaurantes, salas de espectáculos, clubes, casinos, discotecas y bares animan las noches de la ciudad, ofreciendo al visitante oportunidades para el relajamiento con buena comida, diversión, música de todos los géneros, espectáculos artísticos y juegos de azar. Ambientes diversos satisfacen los distintos gustos y estados de ánimo, con distintos niveles de intensidad y vivencias.
Panamá es la nueva Miami para los latinoamericanos. Grandes y modernos centros de comercio -malls- ofrecen a los amantes de las compras cientos de lujosas tiendas en las que encuentran mercancía de todo tipo, y de todas las marcas, entre ellas las más reconocidas a nivel mundial. La posición geográfica y su condición circunstancial como lugar de paso, han convertido a este país en un centro para el intercambio comercial intenso. Panamá posee una zona libre que ocupa el segundo lugar en el hemisferio occidental, en la que se puede adquirir mercancía libre de impuestos. 
Otra de las consecuencias de la privilegiada posición geográfica de Panamá es su condición de plaza ideal para los negocios. Un centro bancario y financiero internacional ejecuta a diario miles de transacciones globales de alto nivel. Altos y modernos edificios de oficinas y viviendas dibujan el perfil de gran ciudad de esta urbe, dándole un aire cosmopolita que no tiene ninguna otra capital de la región centroamericana y del Caribe. En la ciudad capital se disfruta de servicios de primer mundo, incluyendo excelentes comunicaciones, modernos centros comerciales y asistencia de salud del más alto nivel. 
La historia ha definido a Panamá como un lugar de encuentros y reuniones. Ya en tiempos precolombinos, el istmo de Panamá fue lugar de encuentro de los grupos indígenas. Durante la época colonial se celebraban las Ferias de Portobelo, eventos que duraban hasta cuarenta días y reunían decenas de miles de comerciantes en la costa del Caribe. Hoy, la vocación del país como lugar de reuniones continúa vigente, por lo que existen en el país varios centros de convenciones y múltiples facilidades para la organización de reuniones y eventos masivos.
La inmensa biodiversidad de Panamá y su condición histórica como puente biológico de las Américas, inspiraron al reconocido arquitecto canadiense Frank Gehry para el diseño de este museo, su única obra en Latinoamérica. El museo, situado en los terrenos de la Calzada de Amador en la entrada del Canal de Panamá, se encuentra actualmente en construcción y deberá inaugurarse en el año 2012.
 
Uno de los atractivos de la ciudad es el parque temático Mi Pueblito, situado en las faldas del Cerro Ancón, sitio emblemático de la nacionalidad. El parque muestra réplicas a escala natural de distintos ambientes urbanos y rurales del país. En el sitio se puede conocer un pueblito de la campiña con sus casas de adobe, un barrio de la ciudad de inicios del siglo veinte y una aldea indígena con sus chozas de paja. Un restaurante, una fonda y varias ventas de artesanías le dan vida al lugar al tiempo que ofrecen sus servicios a los visitantes.
Una de las recompensas de ser un lugar de paso es el buen comer. Los que vinieron para quedarse han aportado a Panamá los secretos de la cocina internacional, desde los exóticos manjares chinos hasta los exquisitos platillos de la cocina francesa. Cientos de restaurantes de cocina internacional se disputan el honor de satisfacer las exigencias de los comensales -locales y extranjeros- que cada día salen en busca de nuevas sensaciones para sus paladares. La variedad es amplia y se puede optar por comidas emblemáticas, cocina internacional y de diseño, especialidades regionales o comida criolla.
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