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Chiriquí, en el extremo occidental de Panamá, es la provincia de mayor producción agropecuaria del país, gracias a los fértiles suelos de origen volcánico de sus tierras. Sus paisajes de gran belleza y los elevados picos de su cadena montañosa le han ganado el nombre de Valle de la Luna. La gente de esta provincia se caracteriza por su gran laboriosidad y por los exquisitos y exóticos sabores de sus comidas, especialmente los bocadillos y postres. Sienten gran orgullo y aprecio por su zona montañosa y por el Volcán Barú, en cuyos alrededores han desarrollado cultivos como el café de altura, que ha recibido premios internacionales por su calidad.
Esta provincia caribeña está en el lado norte del Canal de Panamá. Colón es la tierra de los congos, descendientes de esclavos africanos que han conservado el legado de sus ancestros, expresado principalmente en su música vibrante y tentadora, en los sensuales bailes al ritmo de tambores y en su vestuario llamativo. La herencia africana también se nota en la forma de preparar sus comidas, especialmente los mariscos, que son muy apreciados. En los poblados de Portobelo y San Lorenzo, las murallas silenciosas de las fortalezas españolas preservan la memoria de los ataques de famosos piratas como Henry Morgan y Edgar Vernon y de corsarios como Francis Drake, cuyos restos descansan bajo las aguas de la Bahía de Portobelo.
En 1513 Vasco Núñez de Balboa atravesó la selva del Darién y descubrió un mar hasta entonces desconocido para los europeos, al que llamó Mar del Sur. En 1619 se construyó la primera ciudad española en la costa de este mar, se le dio el nombre de Panamá y se le designó capital de Castilla del Oro. Años más tarde, en 1671, fue atacada, saqueada y destruida por el pirata Henry Morgan, y sus habitantes la abandonaron. De aquella vieja ciudad quedan los vestigios arquitectónicos de edificios como la catedral, conventos y monasterios, que conforman el Conjunto Monumental de Panamá La Vieja, declarado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Visitar los vetustos recintos y caminar por las antiguas calles empedradas, hoy cubiertas de hierbas, es hacer un viaje a través de cuatrocientos años. 
El barrio conocido como Casco Antiguo es el sitio en donde se fundó la nueva ciudad de Panamá, en 1673. Tiene el colorido y sabor de la arquitectura colonial, con edificaciones de gruesos muros de cal y canto, arcos romanos y balcones ornamentados. A lo largo de sus estrechas calles adoquinadas florecen los cafés al aire libre y los restaurantes, así como comercios de finas artesanías. Media docena de templos católicos contribuyen al aspecto histórico del barrio, entre ellos Catedral Metropolitana, la Merced con su exquisita fachada barroca y la Iglesia de San José que exhibe un legendario altar dorado de intrincados ornamentos, que fue rescatado del saqueo de los piratas en 1671. Los estrechos callejones del barrio han alimentado a través de los años leyendas urbanas y relatos enigmáticos ocurridos en otros tiempos.
La moderna ciudad de Panamá late al ritmo de su música y de su intensa actividad. Durante el día, en las calles, avenidas y viaductos hormiguean miles de personas entregadas al habitual frenesí que caracteriza a las grandes urbes. Durante la noche el ritmo es otro, más cadencioso, más relajado, más a tono con el ocio, la diversión y el escape. La encrucijada de dos continentes y dos océanos es también punto de encuentro de gente de todo el mundo, que visita el país en viajes de negocio o de placer. Grandes eventos artísticos, ferias comerciales y encuentros de todo tipo saturan los centros de convenciones, salas de reuniones y escenarios de la ciudad, mientras los restaurantes, clubes, bares y casinos se avivan en jornadas de excitante diversión.   
A sólo 45 minutos de travesía marina desde la ciudad capital está la pequeña isla de Taboga, con sus playas de arena blanca y su típico pueblito de sabor isleño. Un día en Taboga es suficiente para caminar sus empinadas callecitas, bañarse en la playa de La Restinga, bucear y hacer esnórquel en sus transparentes aguas. En la vertiente oeste de la isla hay un refugio de vida silvestre en el que anidan cerca de 100 mil pelícanos, gaviotas y garzas. Con marea baja se puede caminar hasta el Morro, un islote que se utilizaba como fortaleza para defender la isla del ataque de piratas. Frente a la plaza está la pequeña iglesia de San Pedro, fundada en 1524, una de las más antiguas de la costa pacífica de América. Se le ha llamado la isla de las flores por la abundancia de veraneras, jazmines y rosas que tapizan calles y jardines. 
La ciudad de Panamá colinda con la zona de amortiguamiento selvático que sirve para preservar las fuentes de abastecimiento de agua del Canal. A escasos minutos del centro de la ciudad existen varios parques naturales en los que se puede excursionar por senderos de jungla tan espesa, que apenas la penetran los rayos del sol. La frondosa vegetación y la biodiversidad de estos parques son ideales para caminatas con la custodia de expertos guías. El Parque Metropolitano, Gamboa, Jardín Summit, el Parque Soberanía y el Parque Chagres son algunas de estas maravillosas reservas naturales que alegran la ciudad capital y mantienen su atmósfera más limpia y pura. 
La Calzada de Amador (Causeway), situada en la entrada del Canal de Panamá, es un lugar mágico al que acude la gente a caminar o hacer ejercicios mientras se observa a los buques entrar y salir del Canal. En sus veredas se hacen paseos en bicicleta bajo la fresca brisa marina, y en los comercios establecidos a lo largo de la calzada se puede cenar, tomar un helado o hacer compras. En el Causeway, un camino que une los islotes de Naos, Flamenco y Perico, se ha desarrollado un complejo de servicios que incluye muelles y marinas, hoteles, restaurantes, cafeterías, heladerías, tiendas de artesanías y comercios diversos. Es también el sitio en donde se construye el Biomuseo diseñado por el arquitecto Frank Gehry.
 
Las poblaciones de montaña que rodean al majestuoso Volcán Barú disfrutan un clima de agradable temperatura, en medio de imponentes paisajes de montaña y de campos de cultivo florecientes, que crean en estos parajes una sensación de eterna primavera. Las poblaciones más conocidas son Boquete, Volcán, Cerro Punta y Caldera, situadas a más de 2,000 metros de altura, que ofrecen múltiples actividades y sitios para visitar, inlcuyendo pozos termales de aguas benéficas y restos arqueológicos de antiguas culturas indígenas. La gente de estos lugares es laboriosa y afable, dedicada fundamentalmente a la producción agropecuaria y al cultivo del café.
La provincia de Veraguas, en la región central del país, es atravesada por la Cordillera Central. En los plácidos parajes de los altos montes está la población de San Francisco de la Montaña, en la que hay una pequeña capilla de piedra y madera -construida en 1671- en cuyo interior se conservan hermosos altares de madera tallada y pintada. En la misma región se encuentra Calobre, un pequeño poblado inserto en un área denominada como Monumento Nacional por sus pozos de aguas termales de origen volcánico. Hacia la vertiente Caribe de la cordillera está Santa Fé, establecido en 1557, un bucólico pueblo rodeado de pinos y de temperatura agradable todo el año.
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