Panamá y su romance con los mares
En esta tierra que se abraza con el mar, el trópico ofrece las caricias de sus aguas cristalinas, la refrescante brisa marina y los rayos de un sol esplendoroso. A lo largo de las costas de Panamá se entrelazan islas y playas, desvaneciendo la línea entre tierra y agua. La costa del Caribe panameño ofrece una diversidad de ambientes con hermosas playas, arrecifes coralinos y palmeras, y en la ribera del Pacífico hay parajes marinos de belleza indescriptible, con playas acogedoras de aguas tranquilas o sitios donde el mar ruge al embate de olas perfectas para el surfing. Más de un millar de islas se agrupan en archipiélagos como el de San Blas, Las Perlas, Bocas y Coiba, creando escenarios espectaculares.
Taboga es una isla paradisiaca que está frente a la costa pacífica de la ciudad capital de Panamá, a escasos 20 kilómetros pasando por la entrada del Canal, debe su nombre a la palabra indígena “aboga”, que significa abundantes peces, además de poseer la Iglesia de San Pedro considerada la segunda más antigua de este hemisferio.
Santa Catalina playa reconocida por su mayor atractivo natutal, olas de gran fuerza que nunca bajan del metro de altura las cuales atraen surfistas, la claridad de sus aguas y la reserva marina con que cuenta está playa permite la práctica de buceo.
Situada al noroeste de la ciudad de Panamá, podemos encontrar lsla Colón la cual funge como capital de Bocas del Toro y es reconocida como la cuarta más grande del país. Está isla alberga alguna de las mejores olas y playas.
Bocas del Toro es uno de los destinos más populares del país, en el que se respira el ambiente afroantillano típico del Caribe. En el día se disfrutan las actividades marinas y las noches se consagran a la música y la diversión. Aunque la mayor actividad se concentra en las islas que conforman el archipiélago, también se pueden encontrar playas maravillosas a lo largo de la costa de tierra firme. En las cristalinas aguas del Caribe las abundantes formaciones coralinas invitan a disfrutar del buceo y el esnórquel, así como del avistamiento de cetáceos, pesca y paseos acuáticos entre los manglares. También hay acción para los amantes del surf, que encontrarán en algunos puntos de la costa gigantescas olas de blancas crestas.
Coiba es la isla más grande del litoral Pacífico americano, una joya ecológica en el centro de un gran parque marino. Las cálidas aguas que la rodean acogen a los grandes cetáceos que vienen hasta ellas a reproducirse y amamantar a sus crías, por lo que el avistamiento de ballenas es una de las actividades preferidas en estos parajes. Las oportunidades que ofrece la isla al turista son incontables, desde la pesca deportiva hasta el senderismo ecológico. Las cristalinas aguas y la abundancia de especies marinas son excelentes para el buceo y esnórquel, y los bancos de corales del archipiélago -los más grandes de Centroamérica- ofrecen un espectáculo submarino inigualable.
La península de Azuero también tiene sus encantos costeros. Las playas de Cambutal y Venado son populares entre los surfistas, y otras muchas playas de aguas tranquilas invitan a una zambullida mientras se disfruta del sol y la brisa marina. Para los amantes de la naturaleza existen refugios de vida silvestre como Isla Cañas, lugar de desove de las tortugas marinas, o Isla Iguana, rodeada de grandes arrecifes de coral ideales para buceo y esnórquel. Las grandes extensiones de arena de las playas de la costa este de la península invitan a caminar y respirar el saludable aire marino.
En medio del Golfo de Panamá hay unas 200 islas y cayos que forman el Archipiélago de Las Perlas, llamado así por la gran cantidad de estas gemas que fueron extraídas de sus aguas durante la época colonial. Todo el conjunto de islas es un exquisito escenario que reposa sobre un mar de fascinante azul y verde. Hermosas mansiones y hoteles complementan este paraíso del Pacífico, al que también las ballenas visitan con frecuencia. En Las Perlas se puede hacer buceo de profundidad, esnórquel, paseos en pequeños cruceros, cayacs o veleros. Las playas de arena blanca son esplendorosas y en las aguas cercanas es tradicional la pesca de marlín, dorado y pez vela.
A través del Darién los conquistadores españoles descubrieron el Mar del Sur. Lugar remoto y desconocido, durante muchas décadas el acceso a sus poblados sólo era posible por mar. La costa darienita, cubierta de selváticos manglares ricos en biodiversidad, es la antesala de la inmensa y exuberante flora y fauna de la jungla del Darién. El paisaje en estas costas es verdaderamente asombroso y representa un disfrute inimaginable para quienes navegan en los pequeños cruceros -algunos de gran lujo- que surcan las aguas marinas y los grandes ríos navegables de esta tierra indómita. Los mares del Darién son frecuentados por los amantes de la pesca, que buscan en sus aguas el desafío del marlín y el pez vela.
En los muros de las magníficas fortalezas del poblado de Portobelo, en la costa arriba de Colón, los cañones todavía miran hacia el Mar Caribe en espera de los ataques de piratas y corsarios que llegaban en busca de los grandes tesoros de la conquista española. Hoy, la espléndida costa de Colón ofrece sus playas bañadas por las cristalinas aguas del Caribe y sus arrecifes coralinos colmados de peces multicolores. La gente de esos lugares bebe la deliciosa agua del coco y disfruta de exquisitas comidas, como el suculento pulpo preparado con recetas ancestrales y el sabroso arroz con coco.
La joya del Caribe panameño es Guna Yala, una delgada porción de tierra cuyo principal atractivo son las 365 islas que componen el archipiélago en el que habita la etnia originaria Guna. La belleza de los parajes de esta comarca indígena impresiona y cautiva a los visitantes, que se entregan al disfrute de sus playas idílicas de aguas cálidas y transparentes, en las que abundan las estrellas marinas y los peces multicolores que caracterizan la fauna del arrecife coralino del Caribe. El mar de zafiro de la comarca y el colorido de su entorno inspiró a las mujeres Kuna a crear la maravillosa mola, singular obra de artesanía de hermosos diseños que ha recorrido el mundo y se ha convertido en pieza emblemática del país.
El Golfo de Chiriquí es un parque silvestre que ofrece múltiples atractivos y excitantes paisajes marinos. Las grandes extensiones de manglares de islas y costas son el hábitat de múltiples especies marinas y terrestres. En las aguas del golfo abunda la buena pesca y los alrededores de las islas son excelentes para el buceo y el esnórquel. Los hermosos parajes del lugar son ideales para pequeños cruceros y actividades de ecoturismo, y sus playas son muy populares entre bañistas y surfistas, que además disfrutan conociendo la cultura de los hospitalarios lugareños.















