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El pueblo de cuerpos pintados

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Los Emberá y la indómita jungla del Darién

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Los Guna viven en el Edén

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Los misteriosos Buglé

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Un pueblo que habita la tierra del volcán

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Los Naso-Teribe beben el agua de la madre tierra

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El pequeño mundo de los Bri-Bri

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  • El pueblo de cuerpos pintados

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    Mardi, 04 Janvier 2011 15:08
  • Los Emberá y la indómita jungla del Darién

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  • El pequeño mundo de los Bri-Bri

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    Mardi, 04 Janvier 2011 15:25
Une richesse ethnique

Le Panama est la terre de sept valeureuses tribus indigènes, qui ont survécu à la Conquista Espagnole : les Bri-Bri, les Naso o Teribe, les Ngäbe, les Buglé, les Kuna, les Emberá et les Wounaan.  Ces descendants directs des peuples précolombiens vivent dans différentes régions boisées du pays, depuis le fleuve Sixaola à la frontière du Costa Rica, jusqu’à la frontière orientale sauvage du Darién. Chaque ethnie possède sa culture, sa langue et ses traditions, et a su conservé ses charmes et ses mystères ancestraux. Leurs environnements naturels sont variés et très attractifs : hautes montagnes de la Cordillère Centrale, côtes et îles paradisiaques de la mer des Caraïbes, ou encore l’épaisse et l’indomptable jungle tropicale du Darién.

El reducido grupo de los Bri-Bri habita en comunidades aisladas de la región noroeste del país, en la vertiente caribeña.

Viven en clanes familiares determinados por el linaje matriarcal, y se alimentan principalmente de la pesca, la cacería y la agricultura.

Su forma de vida y su entorno les ha mantenido alejados de la civilización, por lo cual conservan intactas su cultura y su visión del cosmos.

Hablan su lenguaje propio y mantienen sus creencias espirituales, basadas en su dios, Sibu, al que ofrecen ritos que acompañan de una bebida sagrada que extraen del cacao, su principal cultivo.

La población Naso, unos 3,500 individuos, habitan en comunidades aisladas de la jungla montañosa del occidente de Bocas del Toro.

Allí, profundamente identificados con el río que ellos llamaron “agua de la madre tierra” (Teribe, en su propia lengua), han luchado para sobrevivir de manera autónoma, agrupados en clanes familiares dirigidos por su propio rey o monarca.

Practican la medicina botánica y viven de sus cultivos y crías de animales domésticos, así como de la venta de sus artesanías, que llevan a las ciudades localizadas río abajo, utilizando como medio de transporte las canoas que ellos mismos tallan a partir del tronco de un árbol.

El grupo Ngäbe habita las remotas regiones de la cordillera central, en tierras vecinas al Volcán Barú.

Su territorio comarcal, que comparten con los Buglé, abarca tres provincias. Casi nómadas, su numerosa población de unos 170 mil individuos vive en pequeñas comunidades formadas principalmente por clanes familiares.

Son guerreros legendarios de gran fiereza y todavía muestran su valentía en combates amistosos y en el juego de la “balsería”.

Sus mujeres llevan un vistoso vestido amplio -nagua- bellamente adornado, que complementan con bolsos de fibra vegetal tejida con diseños geométricos, conocidos como “chácaras”.

El grupo indígena Buglé habita el mismo territorio comarcal de la etnia Ngäbe, por lo que usualmente se habla de los Ngäbe-Buglé. Sin embargo son dos grupos distintos que hablan lenguas diferentes. Menos numerosos que sus vecinos, sus pequeños poblados se encuentran ubicados principalmente en las tierras situadas al sur de la comarca. Según las historias que se han transmitido oralmente a lo largo de generaciones, los antepasados de los buglé llegaron a esas tierras cuando los hombres aún tenían alas para volar. Se supone que su lengua proviene del grupo pre-colombino Bogotá o Bokotá, pero su origen histórico permanece en el misterio.
En el extremo noreste del istmo de Panamá existe un territorio comarcal al frente de cuyas costas hay 365 paradisíacas islas de extraordinaria belleza, bañadas por las cristalinas aguas del Mar Caribe. Esta es Guna Yala, la tierra del pueblo Dule o Guna, el grupo originario mejor organizado políticamente y el más conocido fuera de Panamá por sus famosas molas, piezas de artesanía textil de gran colorido y hermosos diseños. El pueblo Guna también es conocido por los “hijos de la luna”, individuos albinos que son considerados por su pueblo como una raza especial, nacida para defender a la luna. La organización política de los Guna está presidida por el Consejo de los Sáhilas, ancianos sabios y venerados que conocen la historia de su pueblo y los secretos de la naturaleza.
La provincia más grande del país está cubierta por una espesa selva tropical que forma la zona de amortiguamiento ecológico conocida como “el tapón del Darién”. En medio de la tupida y enigmática jungla habita la etnia Emberá, esparcida en grupos semi-nómadas que levantan chozas elevadas en las riberas de ríos caudalosos como el Chucunaque, el Sambú o el Tuira. Agricultores, cazadores, pescadores y algunas veces recolectores, la cultura Emberá se destaca por la belleza y delicadeza de sus artesanías. Tallan hermosas esculturas en la madera dura del árbol cocobolo, esculpen primorosas miniaturas en semillas de tagua y tejen exquisitas cestas de diseños excepcionales con la fibra de la palma “chunga”. 
Cerca de 7,000 indígenas del pueblo Wounaan comparten el territorio selvático del Darién con sus hermanos Emberá. Las dos culturas son muy similares en sus formas de vida, pero hablan dos lenguas diferentes. Los Wounaan trabajan las mismas piezas de artesanía que los Emberá, con la misma extraordinaria calidad. Las mujeres visten sólo una falda de vistoso colores llamada paruma y usualmente llevan el torso desnudo, pintado con intrincados diseños en tonos rojizos y negros que obtienen del achiote y del tinte que extraen de la planta llamada jagua. Sus aldeas se localizan generalmente cerca de los manglares, en donde pescan y recogen camarones y almejas. Para ello utilizan trampas, arco y flecha, lanzas y cerbatanas cargadas con dardos venenosos.